Aún a principios de los 50 del siglo pasado, el uso de la palabra carajo era socialmente inaceptable. Se le usaba, principalmente, como exclamación, para denotar un arranque de ira o mostrar profundo desacuerdo con algún tema o actuación de alguien. De hecho, llamar carajo a un individuo (un varón, nunca se le usó en femenino) era un insulto grave, quizás más que el propio mentonazo de madre. Y es que carajo, desde tiempos coloniales era el nombre más vulgar con que se conocía al miembro viril. He buscado en diversas fuentes el origen de esta palabra y he encontrado algunos datos interesantes que resumo a continuación. Insistentemente circula en internet una explicación del término “váyase p´al carajo”, que pareciera no concordar con el significado ofensivo que tenía en la Costa Rica de pose victoriana de antes de los 1950. Resumidamente, la versión lo que dice es que, carajo, era la canasta del vigía en el mástil principal de los buques antiguos. Cuando alguno de los ma...
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